Fandom

Ancestros Wiki

Fernando IV de Castilla y León

31páginas en
el wiki
Crear una página
Discusión0 Compartir

Fernando IV "el Emplazado", rey de Castilla y León, (Sevilla, 6 de diciembre de 1285 - † Jaén, 7 de septiembre de 1312). Rey de Castilla y de León desde 1295, a la muerte de su padre Sancho IV el Bravo, hasta su fallecimiento, ocurrido en la ciudad de Jaén el día 7 de septiembre de 1312. Hijo de Sancho IV "El Bravo", rey de Castilla y León, y de su esposa, la reina María de Molina. Fue nieto por parte paterna de Alfonso X el Sabio y bisnieto de Fernando III "El Santo"

FamiliaEditar

Hijo de Sancho IV, rey de Castilla y León, y de su esposa, la Reina María de Molina. Por línea paterna era nieto de Alfonso X el Sabio y de  la reina Violante de Aragón y Hungría, hija de Jaime I el Conquistador. Por parte materna era nieto del Infante Alfonso de Molina, hijo de Alfonso IX de León, y de su esposa Mayor Alfonso de Meneses.

Nacimiento hasta ascenso al tronoEditar

El Infante Fernando, hijo de Sancho IV el Bravo y de la reina María de Molina nació en la ciudad de Sevilla el 6 de diciembre de 1285.Fue bautizado en la Catedral de Sevilla por el arzobispo Raimundo de Losana e inmediatamente fue proclamado heredero de la Corona y recibió el homenaje de los notables del Reino. Su padre el rey ordenó a Fernán Pérez Ponce criar al Infante, ya que éste había sido mayordomo mayor de Alfonso X el Sabio, abuelo del Infante Fernando, y ambos partieron rumbo a la ciudad de Zamora, donde residía la familia del tutor del Infante. Asimismo el Rey nombró a Isidro González y a Alfonso Godínez cancilleres del Infante, al mismo tiempo que nombraba a Samuel de Belorado almojarife del príncipe. La esposa de Fernán Pérez Ponce y él mismo influyeron poderosamente en la conformación del carácter del Infante y éste les demostraría, siendo ya rey, una profunda gratitud.

Ya en su infancia se planteó la cuestión del matrimonio del infante, siendo las opciones preferidas por Sancho IV el Bravo el elegir una esposa para su heredero escogida de entre la realeza francesa, o bien de entre la realeza portuguesa, decantándose por esta última casa reinante el hijo de Alfonso X el Sabio. En el acuerdo firmado por Sancho IV y el rey Dionís I de Portugal en septiembre de 1291, se establecía el compromiso matrimonial entre el Infante Fernando y la Infanta Constanza, hija del soberano portugués, contando por entonces la Infanta con veinte meses de edad. No obstante, a pesar del compromiso contraído con el monarca lusitano, en 1294, Sancho IV se planteó la posibilidad de desposar a su hijo con la Infanta Blanca, hija de Felipe IV el Hermoso, Rey de Francia. La muerte de Sancho IV un año más tarde puso fin a las negociaciones emprendidas con la corte francesa.

Regencia de María MolinaEditar

El día 25 de abril de 1295 murió el rey Sancho IV dejando como heredero al infante Fernando. Sepultado el rey en la Catedral de Toledo, María de Molina se retiró al primitivo Alcázar de Toledo para guardar un luto de nueve días. La reina fue la encargada de la Regencia durante la minoría de edad de su hijo, que sólo contaba con nueve años de edad. Debido a la ilegitimidad de Fernando IV, causada por el matrimonio ilegitimado de sus padres, la reina regente tuvo que afrontar numerosos problemas para conseguir que su hijo permaneciera en el trono.A las luchas incesantes con la nobleza castellana dirigida por los infantes Juan de Castilla, que reclamaba el trono de su hermano Sancho IV, y por el infante Enrique "El Senador", hijo de Fernando III el Santo y tío de Sancho IV, que reclamaba la tutoría y la regencia del reino, y con los infantes de la Cerda, apoyados por Aragón y por su abuela la reina Violante de Aragón y Hungría, viuda de Alfonso X el Sabio, por el control del Reino, se unieron los problemas con Aragón, Portugal y Francia, quienes intentaron aprovechar la situación de inestabilidad que atravesaba la Corona de Castilla y León en su propio beneficio. Al mismo tiempo, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, Nuño González de Lara, y Juan Núñez de Lara el Menor, entre otros muchos, sembraban la confusión y la anarquía en el reino de Castilla y León. En las Cortes de Valladolid de 1295 el infante Enrique de Castilla "El Senador" fue nombrado regente del Reino, pero la reina consiguió mediante el apoyo de las ciudades con voto en Cortes que la custodia de su hijo le fuera confiada a ella. Mientras se celebraban las Cortes de Valladolid de 1295, el infante Juan de Castilla abandonó la ciudad de Granada e intentó ocupar la ciudad de Badajoz, pero, al fracasar en su intento, se apoderó de Coria y del castillo de Alcántara. Pasó después al reino de Portugal, donde presionó al rey Don Dionís para que declarase la guerra al reino de Castilla y León, y al mismo tiempo, para que le apoyase en sus pretensiones de acceder al trono leonés.

En el verano de 1295, terminadas las Cortes de Valladolid, la reina y el infante Enrique se entrevistaron en Ciudad Rodrigo con el rey Don Dionís de Portugal, al que la reina entregó varias plazas. En la entrevista de Ciudad Rodrigo se convino en que Fernando IV contraería matrimonio con la infanta Constanza, hija del rey Dionís, mientras que la infanta Beatriz de Castilla y de Molina, hija de María de Molina, se casaría con el infante heredero del trono portugués. Al mismo tiempo, a Diego López V de Haro se le confirmó la posesión del señorío de Vizcaya, y al infante Juan, que aceptó como soberano a Fernando IV en privado, se le restituyeron sus propiedades. Jaime II de Aragón devolvió a la infanta Isabel de Castilla y de Molina a la corte de Castilla sin haberse desposado con ella y declaró la guerra al reino de Castilla y León.

A principios de 1296, el infante Juan tomó Astudillo, Paredes de Nava y Dueñas, al tiempo que su hijo Alfonso de Castilla tomaba Mansilla. En abril de 1296 Alfonso de la Cerda invadió el reino de Castilla y León, acompañado por tropas aragonesas, y se dirigieron a la ciudad de León, donde el infante Juan fue proclamado rey de León, de Sevilla y de Galicia. Acto seguido, el infante Juan acompañó a Sahagún a Alfonso de la Cerda, donde fue proclamado rey de Castilla, Toledo, Córdoba, Murcia y Jaén.

Poco después de ser coronados Alfonso de la Cerda y el infante Juan, cercaron el municipio vallisoletano de Mayorga, partiendo al mismo tiempo el infante Enrique al reino de Granada para concertar la paz entre él y Fernando IV, pues los granadinos atacaban en esos momentos en toda Andalucía las tierras del rey, siendo defendidas por Alonso Pérez de Guzmán. El 25 de agosto de 1296, falleció el infante Pedro de Aragón y Sicilia, víctima de la peste, mientras se encontraba al mando del ejército aragonés que sitiaba la ciudad de Mayorga, perdiendo con ello el infante Juan a uno de sus valedores, al tiempo que debido a la mortalidad que se extendió entre los sitiadores de Mayorga, se vió obligado a levantar el cerco.

Mientras el infante Juan de Castilla y Juan Núñez de Lara el Menor aguardaban la llegada del rey de Portugal con sus tropas para unirse a ellos en el sitio al que proyectaban someter la ciudad de Valladolid, donde se encontraban la reina María de Molina y Fernando IV, el rey aragonés atacaba Murcia y Soria, y el rey Don Dionís de Portugal atacaba a lo largo de la línea del río Duero, mientras que Diego López V de Haro sembraba el desorden en su señorío de Vizcaya.

Ante ésta situación, la reina María de Molina amenazó al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques al reino y su apoyo al infante Juan y a Alfonso de la Cerda. El soberano de Portugal, ante las amenazas de María de Molina, e informado de que Juan Núñez de Lara el Menor se negaba a sitiar Valladolid, así como que numerosos magnates, nobles y prelados desertaban del bando del infante Juan, retornó a Portugal, habíéndose apoderado previamente de Castel Rodrigo, Alfaiates y Sabugal, territorios pertenecientes a Sancho de Castilla "el de la Paz", nieto de Alfonso X el Sabio. Poco después de la retirada del rey de Portugal, el infante Juan se retiraba a León y Alfonso de la Cerda regresaba a Aragón.

En octubre de 1296, las tropas de María de Molina, enferma de gravedad en esos momentos, cercaron Paredes de Nava, donde se hallaba María Díaz de Haro, esposa del infante Juan de Castilla, acompañada por su madre y por su hijo Lope.

Cuando el infante Enrique "el Senador" , que se hallaba conferenciando con el rey de Granada, tuvo conocimiento de que los aragoneses y los portugueses habían abandonado el reino de Castilla y León, y que la reina se encontraba sitiando Paredes de Nava, decidió a regresar a Castilla, temiendo que le privasen de la Regencia del reino. Sin embargo, presionado por Alonso Pérez de Guzmán y otros caballeros, antes de emprender el regreso, atacó a los granadinos, que en esos momentos habían vuelto a atacar a los castellanos. A cuatro leguas de Arjona, se entabló una batalla con los granadinos, en la que hubiera perdido la vida el infante Enrique de no haberle salvado Alonso Pérez de Guzmán, pues la derrota castellano-leonesa fue completa, siendo saqueado el campamento cristiano. A su regreso a Castilla, el infante Enrique persuadió a algunos caballeros y consiguió que se levantase el asedio a que se hallaba sometida Paredes de Nava, a pesar de la oposición de la reina, que regresó a Valladolid en enero de 1297 sin haber tomado la plaza. En 1297, durante las Cortes de Cuéllar, convocadas por la reina María de Molina, el infante Enrique presionó para que la plaza de Tarifa fuera devuelta al rey de Granada, no pudiendo conseguir su objetivo por la oposición de la Regente. En dichas Cortes el infante Enrique consiguió que a su sobrino Don Juan Manuel se le entregase el castillo de Alarcón como compensación por haberle arrebatado los aragoneses la villa de Elche, a pesar de la oposición de la reina, que no deseaba sentar ese tipo de precedentes entre los nobles. Poco antes de la firma del Tratado de Alcañices, Juan Núñez de Lara el Menor, que apoyaba a Alfonso de la Cerda y al infante Juan, fue sitiado en Ampudia, aunque consiguió escapar del cerco.

Editar

En 1296, la reina María de Molina había amenazado al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques, ante lo cual Don Dionís de Portugal aceptó retirarse del reino de Castilla y León.Mediante el tratado de Alcañices quedaron fijadas, entre otros puntos, las fronteras entre el reino de Castilla y León y el reino de Portugal, que recibía una serie de plazas fuertes y villas a cambio de romper sus acuerdos que lo posicionaban en contra del reino de Castilla y León, y que habían sido firmados con Jaime II de Aragón, con Alfonso de la Cerda, con el Infante Juan de Castilla, y con Juan Núñez de Lara el Menor. Al mismo tiempo, en el Tratado de Alcañices fue vuelto a confirmar el proyectado enlace entre Fernando IV y la Infanta Constanza de Portugal, al tiempo que se acordaban los esponsales entre el infante Alfonso de Portugal, heredero del trono lusitano, y la infanta Beatriz, hija de Sancho IV el Bravo y hermana de Fernando IV. Por otra parte, el monarca portugués aportó un ejército de trescientos caballeros, puestos a las órdenes de Juan Alfonso de Alburquerque, para ayudar a la reina María de Molina en su lucha contra el infante Juan, que hasta ese momento había recibido el apoyo del rey Dionís.

Además, se estipulaba en el tratado que las villas y plazas de Campo Maior, Olivenza, Ouguela y San Felices de los Gallegos serían entregadas a Don Dionís de Portugal como compensación por la pérdida por parte de Portugal, durante el reinado de Alfonso III de Portugal de una serie de plazas que le fueron arrebatadas por Alfonso X el Sabio. Al mismo tiempo, le fueron entregadas al rey portugués las plazas de Almeida, Castelo Bom, Castelo Meior (Castelo Melhor), Castelo Rodrigo, Monforte, Sabugal, Sastres y Vilar Maior.Los monarcas castellano y portugués renunciaron a plantearse mutuamente reclamaciones territoriales en el futuro. Los prelados de los dos reinos acordaron el día 13 de septiembre de 1297 apoyarse mutuamente y defenderse de las posibles pretensiones, por parte de otros estamentos, de restarles libertades o privilegios. El Tratado fue ratificado no sólo por los dos monarcas de ambos reinos, sino también por una representación abundante de los brazos nobiliario y eclesiástico de ambas naciones, así como por la Hermandad de los concejos de Castilla y por su equivalente del Reino de León. A largo plazo las consecuencias de este tratado serán duraderas, ya que la frontera entre ambos reinos apenas fue modificada en el curso de los siglos posteriores, convirtiéndose de esa forma en una de las fronteras establecidas entre dos países más longevas del continente europeo.

Por otra parte, el Tratado de Alcañices contribuyó a asegurar la posición en el trono de Fernando IV, inseura a causa de las discordias internas y externas, y permitió que la reina María de Molina ampliase su libertad de movimientos al no existir ya disputas con el soberano portugués, que había pasado a apoyarla en su lucha contra el infante Juan, quien, en esos momentos, aún seguía controlando el territorio leonés.

Editar

A finales de 1297, la reina envió a Alonso Pérez de Guzmán al reino de León para que combatiese al infante Juan, que seguía controlando el territorio leonés. A comienzos de 1298, Alfonso de la Cerda y el infante Juan, apoyados por Juan Núñez de Lara el Menor, comenzaron a acuñar moneda falsa, puesto que contenía menos metal del que correspondía, con el propósito de desestabilizar la economía del reino de Castilla y León.

En 1298 la ciudad de Sigüenza cayó en poder de Juan Núñez de Lara el Menor, pero tuvo que evacuarla al poco tiempo a causa de la resistencia de los defensores y, poco después, caían en manos del magnate castellano Almazán, que se convirtió en la plaza fuerte de Alfonso de la Cerda, y Deza, siéndole además devuelto a Juan Núñez de Lara el Menor el Albarracín por el rey de Aragón, Jaime II el Justo. En las Cortes de Valladolid de 1298, el infante Enrique volvió a aconsejar la devolución de Tarifa a los musulmanes, negándose a ello la reina María de Molina.

La reina María de Molina se entrevistó en 1298 con el rey de Portugal en Toro, y le solicitó que le ayudase en la lucha contra el infante Juan. Sin embargo, el soberano portugués se negó a atacar al infante y, de común acuerdo con el infante Enrique, se proponía que Fernando IV llegase a un acuerdo de paz con el infante Juan, conservando el infante el reino de Galicia, la ciudad de León, y todas las plazas que había conquistado mientras durase su vida, y pasando a Fernando IV todos esos territorios a su muerte. No obstante, la reina María de Molina, que se oponía al proyecto de entregar dichos territorios al infante Juan, sobornó al infante Enrique, a quien entregó Écija, Roa y Medellín para que el proyecto no siguiera adelante, logrando al mismo tiempo que los representantes de los Concejos rechazasen públicamente el proyecto del soberano portugués. Después de la entrevista con el monarca lusitano en 1298, la reina envió a su hijo, el infante Felipe, que contaba con siete años de edad, a Galicia, con el propósito de reforzar la autoridad real en aquella zona, en la que Juan Alfonso de Albuquerque y Fernán Ruiz de Castro sembraban el desorden. En el mes de abril de 1299, después de finalizadas las Cortes de Valladolid de ese año, la reina recuperó los castillos de Mónzón y de Becerril de Campos, en poder de los partidarios de Alfonso de la Cerda. En 1299 Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, capturó a Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, la reina disponía tropas para enviar a socorrer Lorca, sitiada por el rey de Aragón, al tiempo que, en agosto del mismo año, las tropas del rey castellano cercaban Palenzuela. Juan Núñez de Lara el Menor fue libertado en 1299 a condición de que su hermana Juana Núñez de Lara "la Palomilla" se desposase con el infante Enrique "el Senador", de que rindiese homenaje a Fernando IV y se comprometiese a no guerrear contra é, y que devolviese a la Corona Osma, Palenzuela, Amaya, Dueñas, que le fue concedido al infante Enrique, Ampudia, Tordehumos, que le fue entregada a Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, la Mota, y Lerma.

En marzo de 1300, la reina María de Molina se entrevistó con Don Dionís de Portugal en Ciudad Rodrigo, donde el soberano portugués solicitó fondos para poder abonar el coste de las dispensas matrimoniales que el papa debería otorgar, a fin de que se llevasen a cabo los enlaces entre Fernando IV y Constanza de Portugal, así como el de la infanta Beatriz de Castilla con infante Alfonso de Portugal. En las Cortes de Valladolid de 1300 María de Molina, imponiendo su voluntad a las Cortes, consiguió reunir la cantidad necesaria de dinero con la que poder comprar la voluntad del papa Bonifacio VIII, a fin de que éste emitiera la bula que legitimaría el matrimonio del difunto Sancho IV el Bravo con la soberana.

Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla renunció a sus pretensiones sobre el reino de Castilla y León, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia a la posesión del señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, María Díaz de Haro y su esposo, el infante Juan, recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros. Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López de Haro, sitiaron Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique.

En 1301 Jaime II de Aragón sitió la villa de Lorca, perteneciente a Don Juan Manuel, quien entregó la villa al monarca aragonés, al tiempo que María de Molina, con el propósito de amortizar el desembolso realizado para proveer un ejército con el que liberar a la villa del cerco aragonés, ordenaba cercar los castillos de Alcalá y Mula, y sitiaba a continuación la ciudad de Murcia, donde se hallaba Jaime II, que pudo haber sido capturado por las tropas castellanas, de no haber sido prevenido por los infantes Enrique y Juan, temerosos de una completa derrota del soberano aragonés y amigos del mismo. En el mes de abril de 1301 se celebraron Cortes en Burgos, en las que se concedieron los subsidios demandados por la Corona para financiar la guerra contra el reino de Aragón, contra el reino de Granada, y contra Alfonso de la Cerda, al tiempo que se concedían subsidios para conseguir la legitimación del matrimonio de la reina con Sancho IV el Bravo, enviándose 10.000 marcos de plata a Roma, a pesar de la hambruna que afectaba al reino. En el mes de junio de 1301, en las Cortes de Zamora, el infante Juan y los ricoshombres de Léon, Galicia y Asturias aprobaron los subsidios demandados por la Corona.

Reinado de Fernando IV "El emplazado" (1301-1312)Editar

En noviembre de 1301, hallándose la corte en Burgos, se hizo pública en el reino de Castilla y León la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de María de Molina con el difunto rey Sancho IV el Bravo, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Al mismo tiempo, se declaró la mayoría de edad de Fernando IV. Con ello, el infante Juan y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés. También se recibió la dispensa pontificia que permitía el matrimonio de Fernando IV con Constanza de Portugal. El infante Enrique, molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara el Menor para indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre. A ambos magnates se les unió el infante Juan. En 1301, mientras la reina se encontraba en Vitoria con el infante Enrique respondiendo a las quejas presentadas por Navarra en relación con los ataques castellanos a sus tierras, el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor indisponían al rey con su madre y procuraban su diversión en tierras de León por medio de la caza, a la que el rey se mostraba aficcionado desde joven. Estando la reina en Vitoria, los nobles aragoneses sublevados contra su rey le ofrecieron su apoyo para conseguir que Jaime II de Aragón devolviera a Castilla las plazas de las que se había apoderado en el reino de Murcia. En 1301 el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey, en compensación por abandonar la Regencia del reino, y habíendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de Atienza y San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.El día 23 de enero de 1302 Fernando IV contrajo matrimonio en Valladolid con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Don Dionís de Portugal. En las Cortes de Medina del Campo de 1302, celebradas en mayo de ese año, En dichas Cortes, los infantes Enrique y Juan y Juan Núñez de Lara el Menor intentaron indisponer al rey con su madre, acusándola de haber regalado las joyas que le diera Sancho IV, y posteriormente, cuando se demostró la falsedad de esta acusación, la acusaron de haberse apropiado de los subsidios concedidos a la Corona en las Cortes del reino de años anteriores, acusación que se demostró era falsa cuando Don Nuño, abad de Santander y canciller de la reina revisó las cuentas de la soberana. Mientras se celebraban las Cortes de Medina del Campo de 1302, a las que acudió la representación del reino de Castilla, murió el rey Muhammad II de Granada, siendo sucedido en el trono por Muhammad III de Granada, quien atacó el reino de Castilla y León y conquistó Bedmar. En julio de 1302 se reunieron las Cortes en Burgos, a las que el monarca acudió con su madre, restablecidas las buenas relaciones con ella, y con el infante Enrique. El monarca, a pesar de hallarse bajo la influencia de su privado Samuel, de origen judío, que intentaba separar al rey de su madre, había decidido prescindir de la presencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor en las Cortes de Burgos. Terminadas las Cortes, el rey se dirigió a Palencia, donde se celebró el matrimonio de Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan de Castilla, con Teresa Núñez de Lara, hija de Juan Núñez de Lara III el Viejo y hermana de Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, se acentuaba la rivalidad entre el infante Enrique, María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor del otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a su hijo y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él. En los meses finales de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se veía obligada a aplacar a los ricoshombres y a la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara el Menor.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el soberano portugués y Fernando IV, que confiaba en que su primo Don Dionís de Portugal le devolvería territorios, de la que el infante Enrique, Diego López V de Haro y la reina se excusaron de asistir. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con el rey castellano eran tensas debido a la amistad que el monarca concedía al infante Juan y a Juan Núñez de Lara el Menor. En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Don Dionís de Portugal y Fernando IV en Badajoz, a quien el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor predispusieron en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones del soberano portugués, que se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique, decepcionaban a su homólogo castellano.

Editar

Mientras el rey se encontraba en Badajoz, en 1303, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y Don Juan Manuel, y acordaron que Don Juan Manuel se entrevistase con el rey de Aragón, quien acordó con Don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo se reuniensen el día de San Juan Bautista (24 de junio) en Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, a fin de lograr la paz en el reino y de eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor, en que Alfonso de la Cerda se conviertiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón. El plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique. Sin embargo, el infante Enrique, Don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los Concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa. Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a Don Juan Manuel y a Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, a fin de que convencieran al infante Enrique para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negaba, no deseando que sus bienes pasasen a Fernando IV.Cuando Don Juan Manuel, sobrino carnal del infante Enrique, llegó a Roa, le encontró sin habla y, tomándole por muerto, se apropió de todos los objetos valiosos que allí había, como refiere la Crónica de Fernando IV:

"E desque vió á D. Enrique fallolo sin fabla, é cuydando que era muerto, tomóle quanto le falló en la casa, plata é bestias é cartas que tenia blancas del sello del rey, é salió fuera de la villa é levó consigo quanto y falló de D. Enrique, é fuese para Peñafiel, que era deste D. Juan Manuel."

La reina envió entonces órdenes a todas las fortalezas del infante moribundo, en las que se disponía que si el infante Enrique falleciese, no entregasen los castillos si no a las tropas del rey, a quien pertenecían. El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique, siendo sepultado en el desaparecido Monasterio de San Francisco de Valladolid. Sus vasallos dieron escasas muestras de duelo por él y, cuando tuvo conocimiento de ello la reina, ordenó que se colocase sobre el ataúd un paño de brocado, así como que a los funerales asistiesen todos los clérigos y nobles presentes en Valladolid.

Mientras el infante Enrique, ex-Regente del Reino, agonizaba, Fernando IV hizo un pacto con el rey Muhammad III de Granada, en el que se estipulaba que el soberano granadino conservaría Alcaudete, Quesada y Bedmar, mientras que Fernando IV conservaría la plaza de Tarifa. El soberano nazarita se declaró vasallo de Fernando IV y se comprometió a pagarle las parias correspondientes. Al saber que había fallecido el infante Enrique, Fernando IV se mostró complacido y concedió la mayoría de sus tierras a Juan Núñez de Lara el Menor, a quien también concedió el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía, y a los hombres que se hallaban con él, al tiempo que devolvía Écija a María de Molina, por haber sido suya antes de que ella se la entregara al infante Enrique. En noviembre de 1303 el rey se encontraba en Valladolid junto a la reina, y solicitó su consejo, pues deseaba poner fin al pleito que sostenían el infante Juan de Castilla, señor de Valencia de Campos y Diego López V de Haro por la posesión del señorío de Vizcaya, que en esos momentos era propiedad de Diego López V de Haro. La reina le manifestó que le ayudaría, al tiempo que el rey le hacía importantes donaciones.

En enero de 1304, hallándose el rey en Carrión de los Condes el infante Juan reclamó de nuevo, en nombre de su esposa, y apoyado por Juan Núñez de Lara el Menor, el señorío de Vizcaya, aunque el monarca en un primer momento resolvió que la esposa del infante se conformase con recibir Paredes de Nava y Villalón de Campos como compensación, a lo que el infante Juan se negó, argumentando que su esposa no lo aceptaría por estar en desacuerdo con los anteriores pactos establecidos por su esposo en relación con el señorío. En vista de la situación, el rey propuso que Diego López V de Haro entregase a María Díaz de Haro, a cambio del señorío de Vizcaya, Tordehumos, Íscar, Santa Olalla, además de sus posesiones en Cuéllar, Córdoba, Murcia, Valdetorio, y el señorío de Valdecorneja, al tiempo que Diego López V de Haro conservaría el señorío de Vizcaya, Orduña, Valmaseda, las Encartaciones, y Durango. El infante Juan aceptó por su parte, por lo que el rey hizo llamar al señor de Vizcaya a Carrión de los Condes, quien no aceptó la proposición del soberano y le amenazó con la rebelión antes de partir. El rey hizo entonces que su madre se reconciliase con Juan Núñez de Lara el Menor, al tiempo que se iniciaban las maniobras previas a la Sentencia Arbitral de Torrellas, rubricada en 1304, en las que no tomó parte Diego López V de Haro, por hallarse enemistado con Fernando IV, quien prometió al infante Juan de Castilla el señorío de Vizcaya, y a Juan Núñez de Lara el Menor la Bureba y las posesiones de Diego López de Haro en la Rioja, si ambos resolvían las gestiones diplomáticas con Aragón a satisfacción del monarca.

En abril de 1304, el infante Juan comenzó las negociaciones con el reino de Aragón, comprometiéndose Fernando IV a aceptar las decisiones que establecieran los árbitros de los reinos de Portugal y Aragón, que se reunirían en los meses siguientes, respecto a las demandas de Alfonso de la Cerda y respecto a sus disputas con el reino de Aragón. Al mismo tiempo, el rey confiscó las tierras de Diego López V de Haro y de Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, y las repartió entre los ricoshombres. A pesar de ello, ambos magnates no se sublevaron contra el rey. Mientras tanto, en Galicia, el infante Felipe, hermano de Fernando IV, derrotaba en una batalla a Fernán Rodríguez de Castro, su cuñado, en la que perdió la vida éste último.

Editar

Uno de los acontecimientos más importantes del reinado de Fernando IV, una vez alcanzada su mayoría de edad, fue el acuerdo de fronteras establecido con Jaime II el Justo, rey de Aragón en 1304, y conocido en la historia como la Sentencia Arbitral de Torrellas. Con el acuerdo también se intentó poner fin a las reclamaciones de Alfonso de la Cerda, pretendiente al trono castellano.El día 8 de agosto de 1304, en la villa zaragozana de Torrellas, el rey Don Dionís de Portugal, el Arzobispo de Zaragoza, Jimeno de Luna, en representación del Reino de Aragón, y el infante Juan de Castilla, representando este último reino de Castilla y León, hicieron públicas las cláusulas del acuerdo alcanzado entre ellos. El propósito de la negociación era poner fin a las disputas existentes entre el reino de Castilla y León y su homónimo de Aragón con respecto a la posesión del reino de Murcia. El sultán de Granada, Muhammad III de Granada, participó en las conversaciones a petición de Fernando IV, que dispuso que en el tratado de paz y alianza entre los reinos cristianos de la península participantes en el acuerdo interviniera el rey de Granada, pues tenía un gran interés en conservar la amistad, la sumisión y las parias que cada año se veía obligado a abonar al rey de Castilla el soberano nazarita, y que constituían un preciado recurso para la Corona castellano-leonesa. De este modo, Jaime II el Justo y el rey Don Dionís de Portugal se avinieron a mantener buenas relaciones con el sultán de Granada.

Según lo dispuesto en la Sentencia, el reino de Murcia, que entonces se hallaba en manos de Jaime II de Aragón, sería repartido entre la Corona de Aragón y la Corona castellano-leonesa y a lo largo del Río Segura sería establecida la frontera meridional de Aragón. Las ciudades de Alicante, Elche, Orihuela, Novelda, y Elda, y también las poblaciones de Petrel, Crevillente, y Sax, continuarían en poder del monarca aragonés. En la Sentencia Arbitral se reconocía la posesión por parte de la Corona de Castilla y León de las ciudades de Murcia, Monteagudo, Alhama, Lorca y Molina de Segura. Los ciudadanos afectados por el cambio de soberanía tenían libertad para permanecer en sus ciudades y villas si lo deseaban, o bien podían abandonar libremente el territorio. Al mismo tiempo, los dos reinos acordaron conceder la libertad a los prisioneros de guerra, así como ser enemigos ambos de los enemigos de cada uno de ellos, exceptuando a la Santa Sede y al Reino de Francia. El Señorío de Villena siguió siendo propiedad de Don Juan Manuel, hijo del Infante Don Manuel y nieto de Fernando III el Santo, pero las tierras en las que se asentaba permanecerían bajo soberanía aragonesa.

A Alfonso de la Cerda, apoyado por Jaime II de Aragón, le fueron concedidos como compensación por su renuncia al trono de Castilla y León una serie de señoríos y posesiones, dispersos por todo el territorio de Castilla y León a fin de evitar la conformación de un microestado, entre los que figuraban los de Alba de Tormes, Valdecorneja, Gibraleón, Béjar y el Real de Manzanares, además de el castillo de Monzón de Campos, Gatón de Campos, la Algaba, y Lemos. Además se concedieron a Alfonso de la Cerda numerosas rentas y posesiones en Medina del Campo, Córdoba, Toledo, Bonilla y Madrid. Fernando IV, que deseaba que su pariente Alfonso de la Cerda disfutase de una renta anual de 400.000 maravedíes, dispuso que si la renta de las posesiones que le habían sido donadas no alcanzaban esa cantidad le entregaría otros territorios hasta que la igualase.

Por su parte, Alfonso de la Cerda renunció a sus derechos al trono castellano-leonés, a utilizar el título de rey de Castilla y León, así como a usar el sello real. Al mismo tiempo, se comprometía a devolver al rey las plazas de Almazán, Soria, Deza, Serón, Alcalá, y Almenara. No obstante al poco tiempo volvió a usar los símbolos de la realeza, contraviniendo lo acordado en Torrellas. La cuestión de los derechos al trono de Alfonso de la Cerda se resolvió definitavamente en vida del hijo y sucesor de Fernando IV, Alfonso XI el Justiciero, cuando en 1331, en Burguillos, rindió homenaje Alfonso de la Cerda al soberano de Castilla y León, Alfonso XI el Justiciero, hijo y sucesor de Fernando IV. De ese modo se resolvió el problema originado en 1275 a la muerte de Fernando de la Cerda, padre de Alfonso de la Cerda e hijo y heredero de Alfonso X el Sabio, cuyos derechos habían sido ignorados por Sancho IV el Bravo.

En enero de 1305 se reunieron en Guadalajara el rey, María de Molina, el infante Juan de Castilla, Don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro y Juan Alfonso de Haro. El rey solicitó de nuevo a Diego López V de Haro que devolviese el señorío de Vizcaya a María Díaz de Haro, a lo que no accedió el señor de Vizcaya.

Editar

Para dar solución a los inconvenientes derivados del reparto del territorio murciano, se dispuso la entrevista de Fernando IV y Jaime II el Justo en el Monasterio de Santa María de Huerta, localizado en la Provincia de Soria, el 26 de febrero de 1305.

Finalmente, los delegados de los soberanos llegaron a un acuerdo, plasmado en el Tratado de Elche, que fue suscrito el día 19 de mayo de 1305, y en el que se fijó de manera definitiva la frontera del reino de Murcia , que había sido dividido entre Castilla y León y Aragón. La línea divisoria entre los dos Reinos se estableció entre Rechín y Almansa, pertenecientes a Fernando IV, y Caudete, que correspondería a Aragón. La línea divisoria establecida entre los dos reinos en el territorio de Murcia seguiría el curso del río Segura desde Cieza, correspondiéndole a Castilla la posesión de Murcia, Molina de Segura y Blanca, así como la ciudad de Cartagena, a la que Jaime II renunció por estar situada demasiado al sur del Río Segura, y que pasó a pertenecer defintivamente a la Corona de Castilla y León. Fernando IV donó a su pariente Don Juan Manuel, que se vió obligado a renunciar a Elche, el señorío y el Castillo de Alarcón como compensación, al tiempo que a su hermana Violante Manuel le concedía el señorío de Medellín. La partición del Reino de Murcia, en la que no se tuvieron en cuenta los vínculos históricos de la región, significó que la parte norte correspondería al Reino de Aragón, que procuró asimilarla inmediatamente con el resto de sus dominios mediante lo que se ha llamado una fuerte "valencianización", al tiempo que la parte sur del Reino, incluyendo Cartagena y la propia ciudad de Murcia, pasaban a manos castellanas definitivamente. Al mismo tiempo, en el Tratado de Elche se dispuso que la ciudad de Yecla sería entregada a Don Juan Manuel.

Editar

En 1305 Diego López V de Haro fue llamado a comparecer en las Cortes de Medina del Campo que se celebraron ese año, a las que no acudió si no después de ser llamado varias veces, para responder a las demandas de María Díaz de Haro, que reclamaba, mediante su esposo el infante Juan, la posesión del señorío de Vizcaya. Ante la ausencia del señor de Vizcaya, el infante Juan interpuso una demanda contra él ante Fernando IV, en la que se comprometía a probar que el señorío de Vizcaya fue ocupado ilegalmente por Sancho IV el Bravo, razón por la cual era ahora de Diego López V de Haro, tío carnal de María Díaz de Haro, por habérselo concedido la reina María de Molina durante la minoría de edad de Fernando IV. Sin embargo, mientras el infante Juan presentaba las pruebas a los representantes del rey, compareció Diego López de Haro, acompañado por trescientos caballeros. El señor de Vizcaya se negó a renunciar a su señorío, argumentando que el infante y su esposa habían renunciado al mismo, mediante juramento solemne, en el año 1300. Al no conseguir alcanzar un acuerdo, debido a los argumentos presentados por ambas partes, Diego López de Haro retornó a su señorío, en tanto que aún no habían finalizado las Cortes de Medina del Campo, que finalizaron a mediados de junio de 1305. A mediados de 1305, hallándose la corte en Burgos, mientras Diego López de Haro se proponía apelar al papa, debido al solemne juramento de renuncia al señorío efectuado por el infante Juan y su esposa en 1300, el rey ofreció a María Díaz de Haro la posesión de varias ciudades del señorío de Vizcaya, entre ellas San Sebastián, Salvatierra, Fuenterrabía y Guipúzcoa, a lo que no accedió ella, por hallarse aconsejada por Juan Núñez de Lara el Menor, que se hallaba enemistado con su esposo, a pesar de las presiones del infante. Poco después, el infante Juan, apoyado por el monarca, y Diego López V de Haro firmaron una tregua, válida por dos años, durante los que el rey confiaba en que Diego López de Haro rompería su alianza con Juan Núñez de Lara el Menor. Posteriormente, durante las navidades de 1305, Fernando IV se entrevistó con Diego López de Haro en Valladolid, quien acudió acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a quien el rey, enemistado con él, hizo abandonar el lugar, deseando que el señor de Vizcaya rompiese su alianza con él, más no consiguiéndolo por estar persuadido Diego López de Haro de que el infante Juan no cejaría en sus reclamaciones.

A comienzos de 1306, Lope Díaz de Haro, hijo y heredero de Diego López V de Haro, que se hallaba enemistado con Juan Núñez de Lara el Menor, intentaba persuadir a su padre de que aceptase la solución propuesta por el rey, Ese mismo año, el rey dió el cargo de Mayordomo real a Lope Díaz de Haro, entrevistándose su padre poco después con el rey, y acudiendo a la entrevista acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del enojo que con ello ocasionó al monarca. Durante la entrevista, Diego López de Haro intentó reconciliar a Juan Núñez de Lara con el soberano, al tiempo que éste último intentaba que su interlocutor rompiese sus relaciones con quien él defendía. Persuadido por Juan Núñez de Lara el Menor, el señor de Vizcaya partió sin despedirse del rey, al tiempo que llegaban embajadores procedentes del reino de Francia solicitando que hubiese alianza entre ambos países, y pidiendo además la mano de la infanta Isabel, hermana de Fernando IV. En abril de 1306, el infante Juan, a pesar de la oposición de María de Molina, indujo al rey a que declarase la guerra a Juan Núñez de Lara el Menor, sabiendo que Diego López V de Haro le defendería, al tiempo que aconsejaba al soberano que sitiase Aranda de Duero, donde se hallaba Juan Núñez de Lara el Menor, quien en vista de la situación, rompió su vínculo vasallático con el rey.Después de una batalla campal, consiguió escapar Juan Núñez de Lara el Menor del cerco al que se pretendía someter Aranda de Duero, y se reunió con Diego López de Haro y el hijo de éste último, y acordaron hacer la guerra contra Fernando IV por separado, y cada uno en su territorio. Las huestes del rey exigieron concesiones al monarca, quien hubo de concedérselas a pesar de que no se mostraban diligentes en hacer la guerra, por lo que el soberano ordenó al infante que entablase negociaciones con Diego López de Haro y los suyos, a lo que el infante Juan accedió, pues sus vasallos tampoco se mostraban partidarios de la guerra. Las negociaciones no llegaron a iniciarse y la guerra continuó, a pesar de que el infante Juan aconsejaba al soberano que firmase la paz si ello era viable. El soberano solicitó la intervención de su madre, quien después de las negociaciones mantenidas con los rebeldes a través de Alonso Pérez de Guzmán, logró en una reunión con ellos mantenida en Pancorbo que los tres magnates sublevados concediesen castillos como rehenes al rey, al que deberían rendir pleitesía, conservando sus propiedades, al tiempo que el rey se comprometía a abonarles sus soldadas. El acuerdo no satisfizo al infante Juan, quien volvió a reclamar al rey la posesión del señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, al tiempo que Fernando IV, con el propósito de complacer al infante, arrebataba la merindad de Galicia a su hermano el infante Felipe y se la concedía a Diego García de Toledo, privado del infante Juan. Fernando IV, deseoso de complacer al infante Juan, envió a Alonso Pérez de Guzmán y a Juan Núñez de Lara el Menor a parlamentar con Diego López V de Haro, quien se negó a entregar el señorío de Vizcaya al infante. Cuando el infante Juan tuvo conocimiento de ello, convocó a Don Juan Manuel y a sus vasallos para que le apoyasen en sus pretensiones, al tiempo que el rey y la reina María de Molina parlamentaban con Juan Núñez de Lara el Menor para que persuadiese al señor de Vizcaya de que devolviese el señorío. En septiembre de 1306 se entrevistó el rey con Diego López V de Haro en Burgos. El soberano le propuso que en tanto que viviese conservase la propiedad del señorío de Vizcaya, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo. Sin embargo, la propuesta no fue aceptada por Diego López de Haro, a quien, en vista de su obstinación, el rey volvió a intentar enemistar con Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después, Diego López V de Haro volvió a apelar al Papa.

A principios de 1307, mientras el rey, María de Molina y el infante Juan se dirigían a Valladolid, tuvieron conocimiento de que el papa Clemente V reconocía la validez del juramento prestado por el infante Juan y su esposa en 1300 de renunciar al señorío de Vizcaya, por lo que el infante debería atenerse a él, o bien responder al pleito interpuesto contra él por el señor de Vizcaya. En febrero de 1307 se intentó resolver el pleito sobre el señorío de Vizcaya, acordando que Diego López V de Haro conservase la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos del rey. Sin embargo, el acuerdo no fue aceptado por el señor de Vizcaya. Poco después fueron convocadas Cortes en la ciudad de Valladolid.

En las Cortes de Valladolid de 1307, viendo María de Molina que los ricoshombres, encabezados por el infante Juan, protestaban contra las medidas adoptadas por los privados del rey, intentó, para complacer al infante, poner fin al pleito existente sobre el señorío de Vizcaya. Para ello, la reina contó con la colaboración de su hermana Juana Alfonso de Molina, quien persuadió a su hija María Díaz de Haro para que aceptase el acuerdo planteado en febrero de ese mismo año. Diego López V de Haro y su hijo Lope Díaz de Haro se avinieron a firmar el acuerdo, por el que se establecía que Diego López V de Haro conservaría la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasaría a ser de María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos de Fernando IV. Ante el acuerdo alcanzado respecto a la posesión del señorío de Vizcaya, Juan Núñez de Lara el Menor se sintió menospreciado por el rey y por su madre, por lo que se retiró de las Cortes sin que éstas hubiesen finalizado. Por ello, el rey concedió el cargo de Mayordomo real a Diego López V de Haro, lo que provocó que el infante Juan abandonase la corte, advirtiendo al rey que no contaría con su ayuda hasta que los alcaides de los castillos de Diego López de Haro rindiesen homenaje a María Díaz de Haro, su esposa. Sin embargo, poco después se reunieron en Lerma, donde se hallaba María Díaz de Haro, el infante Juan, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro, y Lope Díaz de Haro, hijo de éste último, acordándose que prestasen homenaje en Vizcaya como futura señora a María Díaz de Haro, al tiempo que se hacía lo mismo en los castillos que recibiría Lope Díaz de Haro.

Editar

En 1307, por consejo del infante Juan y de Diego López V de Haro, ambos reconciliados ya, el rey ordenó a Juan Núñez de Lara el Menor que abandonase el reino y que le devolviese los castillos de Moya y Cañete, situados en la provincia de Cuenca, y que el rey le había concedido en el pasado, a pesar de que el infante Juan intentó mediar entre ambos. El rey fue a Palencia, donde se hallaba su madre, quien le aconsejó que, puesto que había expulsado a Juan Núñez de Lara del reino, si deseaba conservar el respeto de los ricoshombres y la nobleza. El rey se dirigió entonces a Tordehumos, donde se hallaba el magnate rebelde, y puso cerco a la villa a finales de octubre de 1307, hallándose acompañado por numerosos ricoshombres con sus tropas, y con las del Maestre de Santiago. Poco después se unieron a ellos el infante Juan, repuesto de una enfermedad, y su hijo, Alfonso de Castilla y Aleramici, con sus mesnadas. Estando el rey en el sitio de Tordehumos, recibió la orden del papa Clemente V de tomar los castillos y posesiones de la Orden del Temple y que los conservase en su poder hasta que el pontífice dispusiese lo que habría de hacerse con ellos. Al mismo tiempo, el infante Juan presentó al rey una propuesta de paz, procedente de los sitiados, que Fernando IV no aceptó. Durante el asedio el rey, viéndose en dificultades para pagar a sus tropas, envió a su esposa y a su hija recién nacida, la infanta Leonor, a que solicitasen un empréstito en su nombre a su suegro, el rey de Portugal. Al mismo tiempo, el infante Juan, resentido, aconsejó al monarca que abandonase el cerco y que él lo terminaría, o bien que tomaría Íscar, o bien que acudiría a la entrevista que debía tener en Tarazona con el rey de Aragón en su lugar. Sin embargo, el rey, receloso de su tío el infante, desoyó sus propuestas y procuró contentarle por otros medios. A causa de las deserciones de algunos ricoshombres, entre ellos Alfonso de Castilla y Aleramici, hijo del infante Juan, de Rodrigo Álvarez de Asturias y de García Fernández de Villamayor, y también a causa de la enfermedad de la reina madre, que no podía aconsejarle, el rey decidió pactar con Juan Núñez de Lara su rendición. Despúes que rindió la villa de Tordehumos, a comienzos de 1308, Juan Núñez de Lara se comprometió a entregar todas sus tierras al rey, excepto las que tenía en la Bureba y la Rioja, por tenerlas Diego López V de Haro, al tiempo que rendía pleitesía al rey, quien firmó este acuerdo a espaldas de la reina madre, enferma de gravedad en esos momentos. Después del cerco de Tordehumos, numerosos magnates y caballeros intentaron enemistar al rey con Juan Núñez de Lara el Menor y con el infante Juan, diciéndoles a cada uno de ellos por separado que el rey deseaba la muerte de ambos, por lo que los dos se aliaron, temiendo que el rey desease sus muertes, aunque sin contar con el apoyo de Diego López V de Haro. Sin embargo, fueron persuadidos por María de Molina de que el rey no les deseaba ningún mal, algo que después les fue confirmado por el propio rey. Sin embargo, el infante Juan y sus acompañantes solicitaron presentar sus peticiones a la reina y no a él, a lo que el soberano accedió. Las reclamaciones, presentadas por los demandantes en las Vistas de Grijota pasaban porque el soberano concediese la merindad de Galicia a Rodrigo Álvarez de Asturias y la merindad de Castilla a Fernán Ruiz de Saldaña, al tiempo que debía expulsar de la corte a sus privados, Sancho Sánchez de Velasco, Diego García, y Fernán Gómez de Toledo. Las demandas fueron satisfechas por el monarca. En 1308, Rodrigo Yáñez, Maestre de la Orden del Temple en el reino de Castilla y León, se dispuso a entregar a María de Molina las fortalezas de la Orden en el reino, más la reina no aceptó tomarlas sin el consentimiento de su hijo, que éste último concedió. Sin embargo, el maestre no entregó los castillos a la reina madre, sino que ofreció al infante Felipe, hermano de Fernando IV, entregárselos a él, a condición de que el infante suplicase al rey, en su nombre, que el monarca atendiese las demandas de los templarios ante los arzobispos y obispos de su reino.

En las Cortes de Burgos de 1308 se hallaron presentes la reina madre María de Molina, el infante Juan, el infante Pedro, Don Juan Manuel y la mayoría de los ricoshombres y magnates. Fernando IV intentó poner orden en los asuntos del reino de Castilla y León, así como alcanzar un equilibrio presupuestario y reorganizar la administración de la corte, al tiempo que intentaba recortar las atribuciones del infante Juan, aspecto éste último no conseguido. El infante Juan entabló un pleito con el infante Felipe por la posesión del castillo de Ponferrada, del que éste último se había apropiado, así como de los de Alcañices, San Pedro de Latarce y Haro, y que hubo de entregar al rey, al tiempo que el Maestre del Temple se comprometía a entregar al rey los castillos que aún tenía en su poder.

Editar

En marzo de 1306 Fernando IV había solicitado entrevistarse con Jaime II de Aragón, y desde ese momento los embajadores de las dos monarquías intentaron fijar una fecha para el encuentro de los dos soberanos, que hubo de ser aplazado varias veces. Las cláusulas del Tratado de Alcalá de Henares tuvieron su origen en los encuentros mantenidos por los dos soberanos en el Monasterio de Santa María de Huerta y en Monreal de Ariza, ambos mantenidos en diciembre de 1308, contando con la presencia del infante Juan por parte de Castilla y León. Los temas discutidos en las entrevistas fueron el relanzamiento de la empresa bélica de la Reconquista, deseado por ambos reyes, y el matrimonio de la infanta Leonor de Castilla, hija primogénita y heredera de Fernando IV, con el infante Jaime de Aragón, hijo y heredero de Jaime II el Justo y por último, la satisfacción de los compromisos contraídos con Alfonso de la Cerda y aún no satisfechos en su totalidad. Respecto al matrimonio entre la infanta Leonor y el infante Jaime, aunque fue celebrado nunca fue consumado, ya que el Infante Jaime huyó de la ceremonia de esponsales, renunció poco después a sus derechos al trono e ingresó en la Orden de San Juan de Jerusalén. La infanta Leonor contrajo matrimonio, años más tarde, con Alfonso IV el Benigno, rey de Aragón, e hijo y sucesor de Jaime II el Justo. Respecto al segundo asunto debatido en las entrevistas de los soberanos, Fernando IV hizo entrega a Alfonso de la Cerda de 220.000 maravedíes que aún no le habían sido entregados y Alfonso de la Cerda le devolvió al rey las villas de Deza, Serón y Alcalá. La idea de emprender de nuevo la lucha contra el Reino de Granada fue acogida con entusiasmo por ambos soberanos, que contaban con el apoyo del Sultán de Marruecos, que se hallaba en guerra contra el soberano nazarita. Se aprobó con la anuencia de ambas partes que la Corona de Castilla y León atacaría Algeciras y Gibraltar, mientras que los aragoneses se ocuparían de tomar la ciudad de Almería. Fernando IV se comprometió a inciar la guerra contra Granada el día 24 de junio de 1309 y se comprometió a no firmar una paz por separado con el monarca granadino. El rey castellano aportaría diez galeras a la expedición y otras tantas el rey aragonés.

Fernando IV se comprometía a ceder una sexta parte del Sultanato de Granada al Rey aragonés, y le concedía el reino de Almería en su totalidad como adelanto por el mismo, excepto las ciudades de Bedmar, Locubin, Alcaudete, Quesada y Arenas, que habían formado parte del Reino de Castilla y León en tiempos pasados. Fernando IV estableció que si se daba la circunstancia de que el reino de Almería no se correspondiese con la sexta parte del reino de Granada el Arzobispo de Toledo por parte de Castilla y León y el Obispo de Valencia por parte de los aragoneses serían los encargados de resolver los posibles fallos en el cálculo de la extensión del Reino granadino. La concesión al Reino de Aragón de una parte tan extensa del Reino nazarita de Granada dió ocasión al infante Juan de Castilla y a Don Juan Manuel para protestar contra la ratificación del mismo, hecho que no tuvo consecuencias, ya que Fernando IV se encontraba apoyado por su madre, por el Obispo de Zamora Gonzalo Rodríguez Osorio, por Diego López V de Haro y por el Arzobispo de Toledo Gonzalo Díaz Palomeque, y por su hermano, el infante Pedro de Castilla, que algunos años más tarde perecería en el Desastre de la Vega de Granada junto con el infante Juan de Castilla, ocurrido en el año 1319.

Después de la firma del Tratado se solicitó al Pontífice Clemente V que concediera a la expedición el carácter de cruzada, lo que significaría una importante ayuda económica, e inmediatamente dieron comienzo los prolegómenos de la invasión del Reino nazarita, prevista para junio de 1309. La entrada en vigor de las condiciones pactadas en el Tratado de Alcalá de Henares supuso una notable amppliación de los límites del Reino de Aragón, que alcanzaba unos límites mayores que los previstos en los tratados de Cazorla de 1179, en el Almizra de 1244 y en los de Torrellas y Elche, en los que se habían establecido las futuras áreas de expansión de los dos reinos en el pasado. Para la consecución de todos los objetivos militares ambicionados por los monarcas aragonés y castellano-leonés, fue rubricado el Tratado de Alcalá de Henares el día 19 de diciembre de 1308, en la localidad madrileña de Alcalá de Henares. Con dicho tratado se reconciliaban definitivamente los dos Reinos y durante el resto del reinado de Fernando IV las relaciones con el país vecino fueron cordiales y pacíficas

En las Cortes de Madrid de 1309, las primeras celebradas en la actual capital de España, el rey manifestó su deseo de ir a la guerra contra el reino de Granada, al tiempo que demandaba subsidios para poder hacer la guerra. Aprobados los subsidios demandados por la Corona, y abonadas las soldadas a los infantes, ricoshombres e hidalgos, acordaron entrar en la Vega de Granada y destruir sus cosechas. Fernando IV se dirigió a Toledo, donde aguardó a que se le uniesen sus tropas, al tiempo que dejaba a la reina madre a cargo del gobierno, confiándole la custodia de los sellos.

Editar

En junio de 1309 se congregaron en Córdoba las huestes del rey, así como las que traían el infante Pedro, el infante Juan, Don Juan Manuel, y Diego López V de Haro, así como otros ricoshombres y caballeros. A pesar de la oposición de los magnates que le acompañaban, y que deseaban entrar en la Vega de Granada, como se había acordado en Toledo, prevaleció la voluntad de Fernando IV y se dirigieron a Sevilla, desde donde posteriormente partieron para cercar Algeciras, cuyo sitio comenzó a finales de julio de 1309.Al mismo tiempo, Jaime II de Aragón sitiaba la ciudad de Almería. Pocos días después de poner cerco a la ciudad de Algeciras, el rey envió a Juan Núñez de Lara el Menor, a Alonso Pérez de Guzmán y al arzobispo de Sevilla, con el concejo de la ciudad de Sevilla , a que sitiasen Gibraltar, que capituló el día 12 de setiembre de 1309, después de un breve asedio. La Crónica de Fernando IV refiere que cuando el soberano castellano hizo su entrada en Gibraltar, un anciano le espetó lo siguiente:


"Señor, que oviste conmigo en me hechar de aqui; ca tu visabuelo el rey D. Fernando quando tomó a Sevilla me hechó dende é vine a morar á Xerez, é despues el rey D. Alfonso, tu abuelo, quando tomó a Xerez hechome dende é yo vine á morar a Tarifa, é cuydando que estava en lugar salvo, vino el rey D. Sancho, tu padre, é tomó a Tarifa é hechome dende, é vine a morar aqui á Gibraltar, é teniendo que en ningun lugar non estaria tan en salvo en toda la tierra de los moros de aquende la mar como aqui. É pues veo que en ningun lugar destos non puedo fincar, yo yré allende la mar é me porné en lugar do biva en salvo é acabe mis dias."


Terminada la conquista de Gibraltar, el infante Juan, molesto con el rey, acompañado por su hijo Alfonso de Castilla, por Don Juan Manuel, y por otros quinientos caballeros, abandonó el cerco de Algeciras, con gran pesar del rey, confiando en que el monarca levantaría el asedio de la plaza. Sin embargo, el rey, que contaba con el apoyo de su hermano el infante Pedro, de Juan Núñez de Lara el Menor, y de Diego López V de Haro, persistió en su intento de conquistar Algeciras. Poco después acudió al cerco de Algeciras el infante Felipe, hermano de Fernando IV, acompañado por el arzobispo de Santiago y por cuatrocientos caballeros, lo que significó un alivio momentáneo para el ejército sitiador, desmoralizado a causa de la deserción del infante Juan, de la enfermedad de Diego López V de Haro, y de las lluvias torrenciales que inundaron el campamento cristiano, al tiempo que los sitiados comenzaban a ofrecer algunas plazas y castillos al rey si levantaba el asedio. A pesar de ello, el rey se negó a levantar el asedio. Mientras tanto, la reina María de Molina, ordenaba que se hicieran procesiones con el objeto de implorar a Dios que cesasen las lluvias torenciales, a fin de conseguir el triunfo en la empresa del cerco de Algeciras.

En enero de 1310, en vista de la enfermedad mortal padecida por Diego López V de Haro, el rey se decidió a negociar con los granadinos, quienes habían enviado un emisario al campamento cristiano. Alcanzado un acuerdo, en el que se estipulaba que a cambio de levantar el cerco recibiría Quesada y Bedmar, además de 50.000 doblas de oro, el rey ordenó levantar el asedio a finales de enero de 1310. Después de firmado el acuerdo, falleció Diego López V de Haro, tomando posesión del señorío de Vizcaya María Díaz de Haro, esposa del infante Juan, quien devolvió al rey, por recibir el señorío, las villas de Paredes de Nava, Cabreros, Medina de Rioseco, Castronuño, y Mansilla. A finales de enero de 1310, al mismo tiempo que Fernando IV ordenó levantar el cerco de Algeciras, Jaime II de Aragón ordenó que se levantara el asedio de Almería, a pesar de haber derrotado a los granadinos en batalla campal.

En conjunto la campaña del año 1309 resultó más provechosa para las armas del reino de Castilla y León que para el de Aragón, ya que Fernando IV pudo incorporar el Gibraltar a sus dominios. La traición y deserción de los dos familiares del rey, Don Juan Manuel y el infante Juan de Castilla fue mal considerada por todas las cortes europeas, que no ahorraron calificativos a la hora de definir a los dos magnates castellanos.

Ultima etapa del reinado y muerte (1310-1312)Editar

Editar

En 1310, poco después de finalizado el cerco de Algeciras, el rey envió a Juan Núñez de Lara el Menor a conferenciar con el papa Clemente V, a quien el rey suplicaba, de común acuerdo con el rey de Aragón, que no permitiese que se manchase la memoria de su antecesor en la silla de San Pedro, el papa Bonifacio VIII, quien había legitimado el matrimonio de los padres de Fernando IV en 1301, legitimando con ello al rey mismo. El pontífice, que atendió a sus demandas, procuró suavizar el encono que Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, sentía hacia su predecesor, y concedió al rey los diezmos recaudados en su reino durante un año, al tiempo que el papa enviaba cartas a los prelados del reino de Castilla en las que se les ordenaba reprender severamente a los que no colaborasen con el rey en la empresa de la Reconquista. Mientras tanto, Fernando IV emprendió de nuevo la guerra contra Algeciras. El infante Pedro, su hermano, conquistó el Castillo de Tempul. Conquistado el castillo, el infante Pedro se dirigió a Sevilla, donde se hallaba su hermano el rey, dirigiéndose ambos después a Córdoba, donde se había producido un levantamiento en contra de varios caballeros. Mientras tanto, la reina madre, que se encontraba en Valladolid, suplicaba a su hijo que se reuniese con ella allí, para hallarse presente en la boda de su hermana, la infanta Isabel, que se desposaría con Juan III de Bretaña, duque de Bretaña y bisnieto de Enrique III de Inglaterra. De camino a Burgos, el rey confesó a Juan Núñez de Lara el Menor que planeaba prender o asesinar al infante Juan, pues pensaba el rey que mientras el infante viviese, le perjudicaría y estorbaría en todos sus propósitos. Sin embargo, Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del odio que sentía hacia el infante, se dió cuenta de que el rey no lo hacía por afecto hacia él, y que si ayudaba al rey a deshacerse del infante, labraría su propia ruina. Al mismo tiempo, Don Juan Manuel solicitó al rey que le concediese el cargo de Mayordomo real, por lo que el monarca, que deseaba ganarse a Don Juan Manuel, creyendo que éste último rompería su amistad con el infante Juan, despojó al infante Pedro del cargo y se lo concedió, dando a cambio a su hermano las villas de Almazán y Berlanga, que le había prometido anteriormente.

Después de la boda de su hermana, la infanta Isabel, Fernando IV planeó asesinar al infante Juan en la ciudad de Burgos, en enero de 1311, para vengarse de ese modo por la deserción del infante del cerco de Algeciras y, al mismo tiempo, para someter a la nobleza, que volvía a rebelarse contra el poder de la Corona. Sin embargo, la reina María de Molina avisó al infante Juan de los propósitos de su hijo y el infante pudo ponerse a salvo. A los pocos días, Don Juan Manuel, partió de Burgos y se dirigió a Peñafiel, encontrándose poco después con el infante Juan en Dueñas. Los partidarios y vasallos del infante Juan, temiendo al rey, se aprestaron a defenderle, entre ellos Sancho de Castilla "el de la Paz" y Juan Alfonso de Haro. En vista de la situación, Fernando IV, que no deseaba una rebelión abierta de los partidarios del infante Juan, además de querer dedicarse en exclusiva a la guerra contra el reino de Granada, envió a la reina María de Molina a conferenciar con el infante y sus hijos, además de con Don Juan Manuel, en Villamuriel. Alcanzado un acuerdo, que incomodó a la reina Constanza, esposa de Fernando IV, y a Juan Núñez de Lara el Menor, el rey se entrevistó con el infante Juan en Grijota.

En abril de 1311, Fernando IV, hallándose en Palencia, enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a Valladolid, a pesar de la oposición de la reina Constanza, su esposa, que deseaba trasladarlo a Carrión de los Condes, a fin de poder controlar al monarca junto con su aliado, Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después de la completa recuperación del rey, surgieron discrepancias entre el infante Pedro, Juan Núñez de Lara el Menor y el infante Juan. Mientras el rey se encontraba en Toro, la reina Constanza dió a luz en Salamanca el día 13 de agosto de 1311 un hijo varón, que llegaría a reinar en Castilla y León como Alfonso XI el Justiciero. En el otoño de 1311 surgió una conspiración que pretendía despojar a Fernando IV del trono y colocar en él a su hermano el infante Pedro de Castilla. La conjura se hallaba protagonizada por el infante Juan de Castilla, por Juan Núñez de Lara y por Lope Díaz de Haro, hijo del fallecido Diego López V de Haro. Sin embargo la conspiración fracasó debido a la rotunda negativa de la reina María de Molina. Al infante Pedro le fue confiada la crianza del heredero del trono, al tiempo que el infante se reconciliaba con el infante Juan.

Editar

Con el deseo de concertar la paz y de que ningún obstáculo se interpusiese en el relanzamiento de la Reconquista, Fernando IV se avino a firmar la Concordia de Palencia, rubricada el 28 de octubre de 1311. En la Concordia de Palencia, en la que intervinieron los principales ricoshombres y miembros de la alta nobleza, el Rey se comprometía a respetar los fueros y privilegios de los nobles, prelados y hombres buenos de las villas. Como consecuencia de la Concordia de Palencia el Rey se vió obligado a conceder nuevas tierras, beneficios y cargos al infante Juan, a Don Juan Manuel y a Juan el Tuerto, hijo del infante Juan. Fernando IV quedó en situación de desventaja frente a la alta nobleza.

En diciembre de 1311 el Rey se entrevistó en Calatayud con el soberano aragonés Jaime II de Aragón. En ese momento se llevó a cabo el enlace entre el infante Pedro de Castilla, hermano de Fernando IV, con la infanta María, hija de Jaime II el Justo, y al mismo tiempo, Fernando IV le hizo entrega al soberano aragonés de su hija primogénita, la infanta Leonor de Castilla, para que fuese criada en la corte aragonesa hasta que tuviera la edad adecuada para contraer matrimonio con el infante Jaime de Aragón, hijo primogénito y heredero del rey aragonés. En la entrevista de Calatayud de 1311 también se acordó reanudar la guerra contra el reino de Granada, pero se decidió que cada reino la hiciera por separado, al tiempo que Jaime II se comprometía a mediar entre Fernando IV y el rey de Portugal en el conflicto que ambos mantenían acerca de la posesión de algunas poblaciones de las que Don Dionís de Portugal se había apoderado durante la minoría de edad de Fernando IV. Sin embargo, la muerte de Fernando IV en septiembre de 1312 puso fin a dichas negociaciones entre los soberanos de Aragón y Portugal. Poco después de la entrevista de Calatayud, en abril de 1312, Don Juan Manuel contrajo matrimonio con la infanta Constanza de Aragón, hija de Jaime II.

Editar

En las Cortes de Valladolid de 1312, celebradas en el mes de abril, se recudaron fondos para sostener el mantenimiento del ejército que se emplearía en la siguiente campaña contra el reino de Granada, al tiempo que se reorganizaba la administración de justicia, la administración territorial y la administración local, poniendo con ello de manifiesto el deseo del rey de realizar profundas reformas en todos los ámbitos de la administración territorial, al tiempo que reforzaba la autoridad de la Corona en detrimento de la autoridad nobiliaria.En 1312 falleció Sancho de Castilla "el de la Paz", hijo del infante Pedro de Castilla y primo hermano de Fernando IV. El monarca viajó a Ledesma, que hacía las veces de capital de los señoríos de su primo fallecido, e incorporó sus señoríos a la Corona, después de haberse comprobado que el difunto carecía de hijos legítimos. Durante el viaje del rey a Salamanca, arrebató a su primo Alfonso de la Cerda, que se hallaba sublevado nuevamente contra el monarca, las ciudades de Béjar y Alba de Tormes,

En julio de 1312 se encontraba el rey en Toledo, después de haber dejado al infante Alfonso, heredero del trono, en la ciudad de Ávila, y se dirigió a la provincia de Jaén, donde su hermano, el infante Pedro, se encontraba sitiando la localidad de Alcaudete. El rey, después de una corta estancia en la ciudad de Jaén, se dirigió a la localidad jienense de Martos, donde ordenó que se ejecutase a los hermanos Carvajales, acusados de haber asesinado en Palencia a Juan Alonso de Benavides, privado del rey. Según la leyenda, pues ello no figura en la Crónica de Fernando IV, los hermanos fueron condenados a ser introducidos en una jaula de hierro con puntas afiladas en su interior y, posteriormente, ser arrojados desde la cumbre de la Peña de Martos. La Crónica de Fernando IV refiere que antes de morir, los hermanos emplazaron al rey a comparecer ante el Tribunal de Dios en el plazo de treinta días.

Después de su estancia en Martos, el rey se dirigió a Alcaudete, donde esperaba al infante Juan para que se uniese con sus huestes al cerco de la localidad. Sin embargo, el infante Juan no acudió por temor de que el rey le hiciese matar. Enfermo de gravedad, Fernando IV abandonó el cerco y se dirigió a la ciudad de Jaén a finales de agosto de 1312. El 5 de septiembre de 1312 se rindió la guarnición de Alcaudete, después de tres meses de sitio, y el infante Pedro se dirigió a la ciudad de Jaén, donde le aguardaba su hermano el rey. El día 7 de septiembre, día de la muerte de Fernando IV, acordaron ambos hermanos socorrer a Nasr, rey de Granada, con quien se había pactado una tregua, y ayudarle en su lucha contra su cuñado Ferrachén, arráez de Málaga, quien se había sublevado contra el rey de Granada.

Editar

La muerte del rey Fernando IV se produjo el día 7 de septiembre de 1312 en la ciudad de Jaén. La historia y la leyenda se han entrelazado indisolublemente en lo concerniente al fallecimiento del monarca, que recibió a su muerte el sobrenombre de "el Emplazado" a causa de las circunstancias misteriosas en que se produjo el mismo.Fernando IV contaba con veintisiete años de edad en el momento de su muerte y no era por tanto previsible que su reinado sería de tan breve duración. Al morir, el rey dejaba como futuro heredero a su único hijo varón, el infante Alfonso, que reinaría después en Castilla y León con el sobrenombre de Alfonso XI el Justiciero, y que a la muerte de su padre el rey contaba con un año de edad.

La Crónica de Fernando IV, escrita alrededor del año 1340, casi treinta años después del fallecimiento del rey, describe así la muerte del monarca castellano-leonés, en el capítulo XVIII de la obra, al tiempo que detalla las muertes de los hermanos Carvajales, ocurridas treinta días antes del fallecimiento de Fernando IV:


"É el Rey salió de Jaen, é fuese á Martos, é estando y mandó matar dos cavalleros que andavan en su casa, que vinieran y á riepto que les fasían por la muerte de un cavallero que desían que mataron quando el Rey era en Palencia, saliendo de casa del Rey una noche, al qual desían Juan Alonso de Benavides. É estos cavalleros, quando los el Rey mandó matar, veyendo que los matavan con tuerto, dixeron que emplasavan al Rey que paresciesse ante Dios con ellos a juisio sobre esta muerte que él les mandava dar con tuerto, de aquel día en que ellos morían á treynta días. É ellos muertos, otro día fuese el Rey para la hueste de Alcaudete, e cada día esperava al infante Don Juan, segund lo havía puesto con él...É el Rey estando en esta cerca de Alcaudete, tomóle una dolencia muy grande, e affincóle en tal manera, que non pudo y estar, e vínose para Jaen con la dolencia, e no se queriendo guardar, comía carne cada día, e bebía vino...E otro día jueves, siete días de setiembre, víspera de Sancta María, echóse el Rey a dormir, e un poco después de medio día falláronle muerto en la cama, en guisa que ninguno lo vieron morir. É este jueves se cumplieron los treynta días del emplazamiento de los cavalleros que mandó matar en Martos..."


Por su parte, en el capítulo III de la Crónica de Alfonso XI se describe la muerte de Fernando IV de igual modo a como se describe en la Crónica de Fernando IV. El historiador Diego Rodríguez de Almela, en su obra Valerio de las historias escolásticas y de los hechos de España, escrita alrededor de 1472, es decir, alrededor de ciento sesenta años después de la muerte de Fernando IV, relata así el fallecimiento de aquél:


"Estando el rey Don Fernando IV de Castilla, que tomó a Gibraltar, en Martos, acussaron ante él a dos escuderos, llamados el uno Pedro Carbajal y el otro Juan Alfonso de Carbajal, su hermano, que ambos andaban en su corte, oponiéndoles que una noche, estando el Rey en Palencia, mataron a un caballero llamado Gómez de Benavides, que quería mucho el Rey, dando muchos indicios y presunciones porque parescía que ellos le havían muerto. El rey Don Fernando, usando de rigurosa justicia, fizo prender a ambos hermanos, y despeñar de la Peña de Martos; antes que los despeñasen dixeron que Dios era testigo y sabía la verdad que no eran culpantes en aquella muerte que les oponían, y que pues el Rey los mandaba despeñar y matar a sin razón, que lo emplazaban de aquel día que ellos morían en treinta días que paresciesse con ellos a juicio ante Dios. Los escuderos fueron despeñados y muertos, y el rey Don Fernando vino a Jaén. Eacaesció que dos días antes que se compliese el plazo se sintió enojado, comió carne y bebió vino. Como el día del plazo de los treinta días que los escuderos que mató le emplazaron se compliesse, queriendo partir para Alcaudete, que su hermano el Infante Don Pedro havía a los Moros tomado, comió temprano, y acostosse a dormir en la siesta, que era en verano; acaesció assí que quando fueron para le despertar, halláronlo muerto en la cama, que ninguno no le vido morir. Mucho se deben atentar los Jueces antes que procedan a executar justicia, mayormente de sangre, hasta saber verdaderamente el hecho por que la justicia se deba executar. Ca como en el Génesis se lee: quién saccare sangre sin pecado, Dios lo demandará. Este Rey no tuvo la manera que convenía a execución de justicia, y por tanto acabó como dicho es." Martín Ximena Jurado, historiador y cronista jienense del siglo XVII, en su obra Catálogo de los Obispos de las Iglesias Catedrales de Jaén y Anales eclesiáticos de este Obispado, editada en 1654, describe en su obra la Real Iglesia de Santa Marta de la ciudad de Martos, situada en la provincia de Jaén, donde yacen sepultados los restos de los Hermanos Carvajales, despeñados por orden de Fernando IV. Al tiempo que describe la tumba de los hermanos ejecutados en 1312, aporta algunos datos sobre la muerte del monarca:


"Y mas abaxo della ( se refiere a la capilla colateral del Altar mayor al lado de la epístola de la Real Iglesia de Santa Marta de Martos) se ve en la pared vn arco muy pequeño, y humilde, cerca del suelo y sobre èl la siguiente Inscripcion, que manifiesta ser aquel el Entierro de los dos Cavalleros hermanos Carvajales, que fueron despeñados de la Peña desta Villa por mandado del rey Don Fernando el Quarto, que llamaron el Emplazado, por aver muerto dentro del plazo que le señalaron estos Cavalleros, citándolo para el Divino Tribunal por la injusticia que con ellos se dice vsò (Pasa a describir la incripción de la lápida de los hermanos): Año de 1310 por mandado del Rey D. Fernando Quarto de Castilla el Emplazado fueron despeñados desta Peña Pedro y Ivan Alfonso de Carvajal, hermanos, Comendadores de Calatrava, y se sepultaron en este Entierro. Don Luís de Godoy, y el licenciado Quintanilla, Cavalleros del Abito, Visitadores generales deste Partido, mandaron renovarles esta memoria Año de 1595. Años."


El Padre Juan de Mariana, escritor e historiador del siglo XVII, al tiempo que describe la condena y ejecución de los Hermanos Carvajales en la ciudad de Martos, estableció por primera vez la posible relación existente entre la leyenda del emplazamiento ante el Tribunal de Dios de Fernando IV, y los emplazamientos sufridos por el papa Clemente V, y el rey de Francia Felipe IV el Hermoso, ambos ocurridos en 1314, dos años después de la muerte de Fernando IV, y tras la condena a muerte en la hoguera por parte de ambos del último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, ejecutado en París en marzo de 1314, que les conminó a comparecer ante Dios en el plazo de un año:


"El Rey muy descuidado de los hecho se partió para Alcaudete donde su exército aloxaba: allí le sobrevino una enfermedad tan grande, que fue forzado dar la vuelta à Jaén, bien que los Moros movían prática de entregar la villa. Aumentábase el mal de cada día, y agravábase la dolencia de suerte que el Rey no podía por sí negociar. Todavía alegre por la nueva que le vino que la villa era tomada, resolvia en su pensamiento nuevas conquistas, quando un Jueves que se contaron siete dias del mes de Setiembre, como después de comer se retirase à dormir, à cabo de rato le halláron muerto. Falleció en la flor de su edad que era de veinte y quatro años y nueve meses, en sazón que sus negocios se encaminaban prósperamente. Tuvo el Reyno por espacio de diez y siete años, quatro meses y diez y nueve días y fue el Quarto de su nombre. Entendióse que su poco órden en el comer y beber le acarreáron la muerte: otros decian que era castigo de Dios porque desde el dia que fue citado, hasta la hora de su muerte (cosa maravillosa y extraordinaria) se contaban precisamente treinta dias. Por esto entre los Reyes de Castilla fue llamado D. Fernando el Emplazado. Su cuerpo depositaron en Córdova, porque a causa de los calores que todavía duraban, no pudo ser llevado à Sevilla ni à Toledo do tenian los enterramientos Reales. Acrecentóse la fama y la opinión susodicha, concebida en los ánimos del vulgo, por la muerte de dos grandes príncipes que por semejante razon: falleciéron en los dos años próximos siguientes: estos fueron Philipo Rey de Francia y el Papa Clemente, ámbos citados por los Templarios para delante el divino tribunal al tiempo que con fuego y todo género de tormentos los mandaban castigar y perseguían toda aquella religión. Tal era la fama que corria, si verdadera si falsa, no se sabe, mas es de creer que fuese falsa: en lo que sucedió al Rey D. Fernando nadie pone duda...".

Sepultura de Fernando IV Editar

En 1312, poco después de su muerte, los restos mortales de Fernando IV fueron trasladados a la ciudad de Córdoba, y sepultados en la Capilla Real de la Mezquita-Catedral de Córdoba, a pesar de su deseo de ser sepultado en la Catedral de Toledo junto a su padre, el rey Sancho IV el Bravo, o bien en la Catedral de Sevilla junto a su abuelo paterno Alfonso X el Sabio y su bisabuelo paterno Fernando III el Santo.No obstante, debido a las altas temperaturas que se dieron en el mes de septiembre del año en que falleció el rey, el infante Pedro, hermano del difunto rey, y la reina Constanza de Portugal y Aragón, su esposa, decidieron dar sepultura a sus restos en la Mezquita-Catedral de Córdoba, inaugurando así las sepulturas regias del templo catedralicio cordobés, en el que hasta el momento sólo habían sido inhumados el infante Juan, hijo de Fernando III el Santo y de su segunda esposa, Juana de Danmartín, y fallecido en 1245 ó 1246, en su infancia. La Crónica de Alfonso XI cita la causa que motivó la sepultura de los restos de Fernando IV en Córdoba:

"El otro dia despues que le alzaron rey, acordaron de levar a enterrar el cuerpo del rey Don Fernando su padre a la ciubdat de Cordova, que era cerca dende, ca non le podian levar a Toledo nin a Sevilla por razon de las muy grandes calenturas que facia."

El cortejo fúnebre que acompañó los restos de Fernando IV hasta Córdoba se hallaba presidido por la reina Constanza. El cadáver del soberano fue depositado en la capilla mayor del templo catedralicio por disposición de su esposa y se dispuso que seis capellanes fueran cada noche a rezar ante el sepulcro, al tiempo que en el mes de septiembre se llevaría a cabo el aniversario por la muerte del rey, a perpetuidad. Hasta que transcurrió un año desde el fallecimiento del monarca, cuatro cirios ardieron permanentemente junto a su sepultura, y diariamente, durante ese año, el obispo de la ciudad y el cabildo catedralicio entonaron responsos una vez al día por el alma del difunto rey.

En 1350 falleció Alfonso XI el Justiciero, heredero y sucesor de su padre, Fernando IV. A su muerte fue sepultado en la Capilla Real de Sevilla, a pesar de que en su testamento ordenaba que su cadáver recibiera sepultura en la Mezquita-Catedral de Córdoba, junto a los restos de su padre. No obstante, el sucesor de Alfonso XI, su hijo, Pedro I el Cruel, impidió que los restos de su padre fueran trasladados a Córdoba. En 1371, Enrique II de Trastámara, hijo de Alfonso XI y hermanastro de Pedro I el Cruel, dió cumplimiento al testamento de su padre y los restos de Alfonso XI fueron trasladados a Córdoba y colocados al lado de la sepultura de su progenitor, en la Capilla Real del templo catedralicio cordobés, que comenzó a construirse en 1369, por disposición de Enrique II, y se dió por finalizada en 1371, fecha del traslado a ella de los restos de Alfonso XI el Justiciero, procedentes de la Capilla Real de Sevilla. En la Mezquita-Catedral de Córdoba permanecieron los restos mortales de Fernando IV y Alfonso XI durante más de cuatrocientos años. En el siglo XVIII, los canónigos de la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba, que había sido fundada por Alfonso XI el Justiciero, en conmemoración por su victoria en la Batalla del Salado, ocurrida en 1340, solicitaron que los restos de los reyes, que reposaban en la antigua mezquita califal cordobesa, fueran trasladados a su Colegiata, situada en el centro de la ciudad de Córdoba. Desde 1728, y mediante una bula concedida por el Papa Benedicto XIII, la Real Colegiata de San Hipólito había tomado posesión de la Capilla Real de la Catedral cordobesa. Felipe V autorizó en 1728 el traslado de los restos de los reyes sepultados en la Capilla Real de la Mezquita Catedral a la Real Colegiata de San Hipólito. En 1729, un año después del beneplácito real, se iniciaron las obras para la terminación de la Colegiata, que desde su fundación en 1340 había permanecido inacabada, dándose por terminadas las obras en el año 1736. En ese año, el día 8 de agosto, con todos los honores, fueron trasladados los restos mortales de los dos monarcas a la Real Colegiata de San Hipólito, donde reposan los restos de ambos desde entonces.

En el tramo primero del presbiterio de la Colegiata, alojados en sendos arcosolios, se hallan los sepulcros reales de Fernando IV, colocado en el lado de la Epístola, y el de su hijo Alfonso XI, que se encuentra situado en el lado del Evangelio. Los restos mortales de los monarcas se hallan colocados en urnas de mármol rojo, construídas con mármoles rojos procedentes del desaparecido monasterio de San Jerónimo de Córdoba, y ambas fueron realizadas en 1846, por encargo de la Comisión de Monumentos de la provincia. Hasta ese momento y desde su traslado a la Colegiata en 1736, los restos reales se hallaban en ataúdes de madera, con escasa decoración, colocados en el presbiterio de la Iglesia, donde eran mostrados en ocasiones a los visitantes destacados. Sobre las cubiertas de los sepulcros de ambos monarcas se encuentran colocados sendos almohadones sobre los que se hallan depositados una corona y un cetro, símbolos de la realeza. Sobre el sepulcro de Alfonso XI se encuentra colocada una lápida con la siguiente inscripción:

"Ésta losa / mandó facer /el muy noble e /muy alto e muy /poderoso señor /don Alfonso por /la gracia de Dio /s rei de Castilla / e rey de León e la r / eina Dona María / su muger este / rei ganó la villa / de Alcalá e ven / ció a los reyes de Benam / arín e de Granada / sobre la cerca de / Tarifa e ganó la / noble cibdad de Algecira."

Matrimonio y descendenciaEditar

Fernando IV contrajo matrimonio en la ciudad de Valladolid, en enero de 1302, con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Dionisio I de Portugal. Fruto de ese matrimonio nacieron tres hijos:

TítulosEditar

Fernando IV el Emplazado ostentaba a su muerte los títulos de Rey de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén y del Algarve.


ReferenciasEditar

Vease tambiénEditar

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en Fandom

Wiki al azar